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Cómo acompañar el cambio cuando ni siquiera sabemos qué viene después


Hay una pregunta que aparece con frecuencia en los procesos de coaching.

A veces se formula de manera explícita y otras permanece escondida detrás de muchas conversaciones.

La pregunta es sencilla:


¿Qué hago ahora?


Lo curioso es que, en muchas ocasiones, ni siquiera la propia persona sabe exactamente qué respuesta espera encontrar.

No busca una solución concreta.

Busca claridad.

Busca orientación.

Busca recuperar cierta sensación de control en un momento en el que todo parece moverse demasiado deprisa.


Y eso nos lleva a una reflexión interesante:

¿Cómo acompañar a alguien cuando el futuro tampoco está claro para nosotros?


Porque durante mucho tiempo asumimos que acompañar significaba ayudar a encontrar respuestas.


Sin embargo, la experiencia demuestra que las transformaciones más importantes rara vez vienen acompañadas de certezas:

Nadie sabe con exactitud cómo evolucionará una organización dentro de cinco años.

Nadie puede garantizar qué profesiones serán las más demandadas.

Nadie dispone de todas las respuestas sobre los cambios tecnológicos que estamos viviendo.


Entonces, ¿qué hacemos?


La tentación de buscar certezas


Cuando nos sentimos inseguros solemos buscar algo a lo que agarrarnos:

Un plan.

Una opinión experta.

Una fórmula.

Una garantía.


Es una reacción natural.

Las personas necesitamos sentir que avanzamos sobre terreno firme.


El problema aparece cuando esperamos encontrar certezas en escenarios que todavía se están construyendo.

Y eso ocurre con más frecuencia de la que pensamos.

Muchas veces el bloqueo no surge por falta de capacidad.

Surge porque queremos tener todas las respuestas antes de dar el primer paso.

Esperamos el momento perfecto.

La decisión perfecta.

La oportunidad perfecta.

Y mientras esperamos, el cambio sigue avanzando.


Cambiar la pregunta


Quizá una de las aportaciones más valiosas del coaching consiste precisamente en cambiar las preguntas.


En lugar de preguntarnos:

”¿Cómo puedo estar seguro de que esta decisión es la correcta?”


Podemos plantearnos:

”¿Qué necesito para sentirme preparado, aunque no tenga todas las respuestas?”


La diferencia parece pequeña.

Pero cambia completamente la conversación.

La primera pregunta busca eliminar la incertidumbre.

La segunda busca desarrollar recursos para convivir con ella.

Y ahí aparece una perspectiva mucho más útil.


La confianza no nace de las respuestas


Existe una idea que merece la pena recordar:


La confianza no surge porque sepamos exactamente lo que va a ocurrir.

La confianza aparece cuando creemos que seremos capaces de afrontar lo que ocurra.


Son cosas muy distintas.


La primera depende del entorno.

La segunda depende de nosotros.


Por eso, en los procesos de cambio, resulta más útil fortalecer capacidades que intentar controlar escenarios imposibles de predecir.


  • Capacidad para aprender.

  • Capacidad para adaptarse.

  • Capacidad para tomar decisiones.

  • Capacidad para recuperarse cuando algo no sale como esperábamos.


Estas son las herramientas que realmente marcan la diferencia.


Acompañar sin dirigir


A veces se confunde acompañar con indicar el camino.


Sin embargo, quienes trabajan ayudando a otras personas saben que las mejores decisiones suelen surgir cuando cada individuo encuentra sus propias respuestas.


El papel del coach no consiste en decirle a alguien qué debe hacer.


Consiste en crear el espacio adecuado para que pueda pensar mejor.


  • Para que vea opciones que antes no veía.

  • Para que cuestione creencias que limitan su crecimiento.

  • Para que descubra recursos que quizá había olvidado que tenía.


Porque cuando una persona amplía su mirada, también amplía sus posibilidades.


Cuando el cambio deja de ser el enemigo


Muchas veces sufrimos más por la resistencia al cambio que por el cambio en sí.

Nos aferramos a lo conocido porque nos resulta familiar.


Aunque ya no funcione.

Aunque nos limite.

Aunque nos impida crecer.


Sin embargo, la historia personal de cada uno de nosotros está llena de situaciones que en algún momento parecían inciertas y que terminamos superando.


Nuevos trabajos.

Nuevas responsabilidades.

Nuevos proyectos.

Nuevas etapas.


Mirando hacia atrás, solemos descubrir que teníamos más recursos de los que imaginábamos.

Y esa es una de las razones por las que merece la pena confiar en el proceso.


Una reflexión final


Quizá el gran reto de nuestro tiempo no sea aprender a predecir el futuro.


Quizá el verdadero reto consista en desarrollar la capacidad de avanzar sin necesidad de conocerlo por completo.


Porque la incertidumbre seguirá formando parte de nuestras vidas.


Lo que sí podemos decidir es cómo nos relacionamos con ella.


Y cuando dejamos de exigir certezas absolutas para empezar a confiar en nuestros propios recursos, algo cambia.


El futuro sigue siendo incierto.

Pero nosotros ya no somos los mismos.


Y, muchas veces, eso es suficiente para dar el siguiente paso.

 
 
 

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